“Aprendo un oficio y aumento mi presupuesto familiar”

[meteor_slideshow slideshow=”noticia-218″]

Rosalba Trujillo, de 50 años, de aspecto tranquilo, jovial y alegre nos cuenta brevemente su historia. Dueña de casa tuvo 9 hijos, uno falleció de meses, ella actualmente vive con tres, uno de ellos es Jordan Cifuentes, quien está participando actualmente en el programa del Área de Integración Juvenil Familiar de Paternitas, en un curso de administrador de bodega. Viven en Colina, donde los fines de semana ella trabaja en la feria del sector.

Fue por este hijo que Rosalba llegó a Paternitas al programa Jefas de Hogar, este proyecto es una gran oportunidad que da la Fundación a familiares de personas en conflicto con la ley que pueden acceder a diversos talleres tales como: costura, trabajo en madera, decoupage y otras manualidades.

“Lo que encontré aquí no lo había visto en otros cursos. Cariño, preocupación y acogida, por lo tanto la convivencia con las otras personas se hace muy fácil, yo podría decir que es un ambiente muy familiar, me siento como en mi casa y además estoy aprendiendo un oficio y puedo compartir con otras personas que tiene los mismos problemas que yo, asegura Rosalba.
Ella participa en los curso de costura y de trabajo en madera, que imparte el programa jefas de hogar, donde se realizan distintos productos que luego las beneficiarias los pueden comercializar.

Finalmente Rosalba Trujillo manda un mensaje a todas las mujeres, madres, esposas, novias y hermanas de personas en conflicto con la ley, “que se atrevan y vengan a pedir ayuda a la Fundación Paternitas, siempre encontrarán una palabra de apoyo y algún taller del cual ser parte, para aprender otros oficios y además para aumentar el presupuesto familiar”.
Cabe destacar que para ella es muy importante participar en este taller porque viene junto a su hijo, que es parte del curso de administrador de bodega que ofrece la Fundación Paternitas para la reinserción social de jóvenes infractores.

Un sueño cumplido

[meteor_slideshow slideshow=”noticia-210″]

Catalina Ximena Vergara Guerrero, una adolescente de 17 años, quien a consecuencia de su difícil historia familiar a los 12 años ingresa a una casa de acogida del Sename, en el sector de Pudahuel. Haciendo un balance de su estadía en el servicio ella asegura que encontró en ese lugar, la acogida que no recibió en su hogar.

“Cuando cumplí 16 le comenté a mi asistente social, si era posible que me postularan a algún curso de capacitación en gastronomía, fue así como llegué al programa del Área de Integración Juvenil Familiar de Fundación Paternitas. Aquí verdaderamente recibí todo el cariño y el apoyo emocional que andaba buscando desde muy chica”.

Lleva cuatro meses en los talleres de Gastronomía, su desempeño y rendimiento ha sido bien calificado por las profesionales encargadas, lo que la llevó hacer una pasantía en la Pastelería La Ermita, en la comuna de Vitacura, lo anterior se concreta por gestiones realizadas por el equipo de profesionales del programa. “Estoy viviendo un sueño, siempre me imaginé haciendo pasteles y cosas dulces, me siento muy feliz, me gusta como la gente me ve y me trata. Además el lugar es muy bonito”, destaca Catalina, a pesar que afirma que a veces siente las huellas en su alma de los malos tratos recibido en su niñez y se pone triste.

Catalina vive su sueño de poder trabajar con masas, hacer galletas y bolitas de manjar con nuez, así como ella son muchos los jóvenes que llegan a Fundación Paternitas con una esperanza, con las ganas de salir adelante y de encontrar una oportunidad. Este es un testimonio que demuestra que se puede, que los sueños a veces se cumplen si las personas luchan y trabajan por ellos.

Fundación Paternitas, así como lo hizo con Catalina, pone a disposición de estos jóvenes, adultos y sus familias, toda la experiencia obtenida en los más de 20 años trabajando con personas que cometieron errores en sus vida.Los recibe con las puertas abiertas y con todo el amor, cariño y profesionalismo de las personas que constituyen los distintos equipos profesionales.

El consumo de drogas anestesia las emociones

[meteor_slideshow slideshow=”noticia-200″]

Jonathan Patricio Rivas Fernández 31 años, cayó en la droga a los 13, llegó a la Comunidad Terapéutica El Monte en enero de este año, por poli consumo. Su padre agricultor y su madre dueña de casa de la localidad de Los Aromos en Padre Hurtado. Reconoce que tuvo una niñez con muchas carencias económicas, pero en general muy feliz. Confiesa que influyó en su adicción a las drogas el desapego emocional por parte del padre, asegura que no era una persona afectiva y vincula este hecho a su temprano consumo.

Trabajó por más de 10 años como maestro maquinista de camiones, encargado de pintar los tambores de estos vehículos, conformó su familia y tuvo una hija que actualmente tiene 10 años, y vive con la mamá, en el sur. “Seguí consumiendo a pesar de tener un buen trabajo y una buena remuneración, faltaba constantemente por estar drogado, quería que me despidieran para obtener mi indenmización, finalmente lo consiguí y con ese dinero me compré un departamento para establecerme, pero mi relación de pareja comenzó a empeorar, estaba mal con mi señora y finalmente nos separamos, eso me llevó a una gran depresión y a un consumir mas distintas drogas”, señala Rivas.

Durante el año 2014, estuvo sin ocupación y dedicado sólo deambular y a conseguir drogas, ni el no saber de su hija le importaba. Debido a que cometió un robos menor, para conseguir recursos para obtener droga tuvo un proceso con la justicia.
Actualmente Jonathan, que trasnmite tranquilidad con su mirada clara y transparente, está experimentando un proceso de cambio y se siente orgulloso de lo que ha conseguido y está convencido de seguir adelante con el proceso de rehabilitación: “siento que voy avanzando y estoy compenetrado en el tratamiento, por mi hija quiero salir adelante, este es mi segundo proceso de recuperación. Voy controlando y sintiendo más mis emociones”. El efecto de la droga es tan poderoso que impide, en muchas ocasiones, sentir emociones; es decir no sientes pena, rabia, ni compasión por nada, sólo quieres consumir más y más y buscar la menra de como obteneral, como siempre digo, te sientes anestesiado”, asegura Rivas.

Está comprobado científicamente, que la droga genera cambios químicos en el organismo y hay daños que quedan para siempre, como algunos casos que se han visto en la Comunidad El Monte que les ha afectado la memoria y han olvidado leer y/o escribir. Así como Jonathan muchos pueden reencontrarse con la vida a través de los procesos de humanización que se realizan en este centro de Paternitas, donde el objetivo de recuperación va ligado a un proceso de acompañamiento y acogida tanto para el beneficiario como para su grupo familiar con amor, dedicación y profesionalismo, para que puedan hacer un cambio de vida y logren una mirada más esperanzadora para el futuro, como la que hoy tiene Jonathan Rivas.

Testimonio de vida

[meteor_slideshow slideshow=”testimoniok”]

Soy, Khristian Briones, tengo 34 años, empecé a delinquir a los 14 años, en el 2007 salí de la cárcel después de haber caído varias veces preso. Pero a pesar de eso mi vida no mejoró mucho: dormí en la calle y me abandoné totalmente al consumo de todo tipo de drogas y a la mala vida, ya que no encontraba trabajo, ni oportunidades para mantenerme.

Me sentí destruido y con ganas de volver a delinquir, pero no lo hice fue ahí cuando empezaron a cambiar las cosas, en el momento que Fundación Paternitas me ofreció ingresar a su centro de rehabilitación.

Conocí al Padre Nicolas cuando cumplía condena en la Penitenciaría y ahí me entusiasmé con lo que me decía, las posibilidades de capacitarme en la Fundación y todo lo que podría hacer cuando saliera en libertad, para así recuperar mi vida. El tenía fe en mí, me insistía que también íbamos a trabajar junto a mi familia, para lograr insertarme en la sociedad con un trabajo digno.

Hoy, después de un largo y difícil proceso de recuperación, soy un agradecido de la Fundación, ya que dejé en el pasado las drogas y el delito, desde hace ya más de cuatro años y siento que tengo metas y un sentido de vida.

Trabajo en una feria libre vendiendo ropa y visito las cárceles, regularmente, junto al padre Nicolás para organizar grupos y talleres de rehabilitación con los reclusos.

Cambio de vida

Margarita Soto, madre de cuatro hijos y beneficiaria de Paternitas Familia:

“ME HE SENTIDO SÚPER ACOGIDA”

Le doy gracias a Dios de que Paternitas se haya puesto en mi camino. Al fin me he podido sentir persona.

Tres años han pasado desde que Margarita Soto (53) ingresó a uno de los programas de nuestra Fundación, Paternitas Familia, que promueve el desarrollo integral de los jóvenes privados de libertad y sus familias. Ahora se le ve distinta, está más contenta, se preocupa de su salud y hasta se arregló sus dientes. “Mis hijas me dicen que soy otra mamá”, asegura.

Y motivos tiene para sentirse así, ya que no sólo es un testimonio de esfuerzo y superación digno de contar dentro de los más de 300 beneficiarios de dicho programa, sino que también porque recientemente recibió la noticia de ser una de las cinco elegidas para recibir microcréditos de $100 mil pesos, gracias a la alianza suscrita entre Fundación Paternitas y BanIgualdad.

Si bien hoy Margarita se le ve así, hace tres años era todo lo contrario. En ese entonces, tuvo que enfrentar la situación de ver a uno de sus cuatro hijos envuelto en la delincuencia, producto de un robo por sorpresa en grado frustrado , que lo llevó a caer tres meses tras las rejas. Su marido, hijos y ella estaban muy consternados, dolidos y avergonzados por esta situación, por lo que recurrieron a la Fundación a hablar primero con los abogados – quienes les dieron asesoría jurídica – y luego se reunieron con la dupla psicosocial. Ella y su familia recibieron un gran apoyo psicológico y se capacitaron en talleres de panadería, pastelería, chocolatería y costura.

Apoyo Familiar

“Llegué mal psicológicamente, lloraba cada vez que me hablaban de mi hijo”, cuenta Margarita. Es que en mayo de 2005, su hijo falleció producto de una enfermedad por hipertensión intracraneana, hecho que la marcó profundamente a ella y a sus parientes. Sin embargo luego del apoyo que recibió por parte de Fundación Paternitas y el que se caracterizó por la integración de la familia en cada paso de este proceso, se empezó a dar cuenta que si ella estaba mal, sus seres queridos no saldrían adelante.

Es por esto que tras su paso por la Fundación , su vida dio un vuelco positivo. “Me ha ido bien, empecé a preocuparme de mi misma y mi familia está contenta”, asegura.

Ahora último realizó un curso de chocolatería, oficio que pretende ejercer gracias al microcrédito que ganó. Sus hijas le ayudarán en la fabricación y su marido – que vende café en Providencia – le comercializará sus productos. “Me voy a esforzar mucho para que me vaya bien y consiga más clientes”, enfatiza.