Seguido, manda cartas punzantes donde defiende los derechos de los privados de libertad y pone el ojo en lo que los demás esconden bajo la alfombra. Pese a la violencia y la crisis de seguridad, el sacerdote sigue pidiendo menos cárcel y más reinserción. Critica a todos los gobiernos en ese tema, y acá evalúa una parte del borrador de la Constituyente sobre el trato a los presos: ‘Si esto está en la Constitución actual y no se ha hecho, ¿por qué ellos lo van a hacer?’, dice. Pide el voto para los presos y confiesa que fueron ellos los que lo salvaron a él.

Dice que gracias a que escribe, no junta rabia. ‘Escribo para no morir’, asegura en su lenguaje cargado de frases poéticas. ‘Porque si no digo lo que siento, ¿a dónde se va? Y me conlleva a la rabia, a la desesperación y a la muerte’.

Hablado, Nicolás Vial es suave, pausado. Escrito, en sus cartas, las decenas que manda al año a este diario y otros medios, es incisivo, duro, al hueso. ‘Chile se merece la delincuencia que tiene’, es una de sus frases. En sus cartas las emprende contra ‘autoridades débiles y sin coraje’, ‘desalmados y enajenados’ —así se titulan algunas— ‘desangramiento nacional’.

—De alguna forma yo escribo para visibilizar lo que la sociedad quiere ocultar —agrega.

En enero de 2019, nueve meses antes del estallido, escribió: ‘Hay rabia acumulada y ante cualquier ocasión para manifestarla, las personas lo hacen sin medir las consecuencias. Contra todo protocolo, ética y trato digno, surgen grupetes, verdaderos lobos rapaces, que se permiten ser usureros en el ámbito del comercio, abusadores en las policías, manipuladores de conciencia y acciones impropias en las iglesias, oportunistas y zánganos en el Parlamento, en el mundo de la política, en la empresa privada, en los servicios, etcétera, llevando al descrédito y a desconfianzas sin precedentes’.

—Lo que explotó en octubre de 2019 no lo sorprendió tanto.

—Me sorprendió, pero por la ceguera y la sordera de la autoridad. Es como si hubieran dicho ‘este cura está desvariando o es un loco que está diciendo cosas que soñó anoche’. Me sorprendió el silencio y ese sentirse como supremos, que lo tienen todo resuelto y que a quien les dice algo distinto, o que no esperaban que se lo dijeran, lo ignoran como si no existiera. Eso a mí me conmueve negativamente, en el sentido de que no entiendo la actitud.

Reconoce que muchas de sus cartas caen en un pozo de silencio.

Le gusta también citar una frase de Fedor Dostoyevski: ‘El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos’. Eso es lo que lo ha movido desde el principio. Desde que como sacerdote diocesano, lleva más de tres décadas paseándose por cárceles —fue capellán de Gendarmería—, hablando con presos. Así nació Paternitas, que funciona en un caserón en Recoleta, fundación que apoya a jóvenes y adultos vinculados al mundo delictual, en su reinserción.

—Paternitas no es una ideología —agrega—, es una realidad desde abajo, que nace gritando como los presos que me dijeron ¿y qué pasa con nuestros hijos? No queremos que sigan nuestro camino.

—¿Pero si tuviera cierta ideología suya, podríamos decir que usted es una persona progresista?

—Soy cristiano —responde—. O sea, la sociedad lo dirá. Yo he tenido grandes problemas por mis cartas. Y a veces gente muy cercana que uno no pensaría que… Se confunde tal vez ideología con política. Si lee todas mis cartas, no tengo ningún partido que haya preferido. He criticado a Piñera, a Bachelet, a Lagos. Critico a Boric, y ensalzo cuando hay decisiones acertadas y prontas para ejecutar en favor de los presos.

Su última polémica fue con el subsecretario de Prevención del Delito actual, a quien le sugirió ‘que se tome todo el tiempo necesario para escuchar —de primera línea y no versiones de escritorio— a quienes cometen los delitos, para saber cuál es la génesis y motivación de ellos (…). Más de 100 años que dicen lo mismo. Palabrería aprendida que no ha dado ningún resultado’.

En otra carta reciente escribió: ‘Se destaca en el borrador de la nueva Constitución —artículo 9 de los ‘Derechos fundamentales’— (…) así como la reinserción social de las personas condenadas, serán desarrolladas por los organismos públicos que señale esta Constitución y la ley, en forma coordinada y con irrestricto respeto a los derechos humanos’. ¿Burla o incompetencia? Si no se ha mostrado cambio alguno en el trato digno del mundo penal, ¿quién podría creer que solo el Estado sea capaz, sin la coordinación competente de la sociedad civil? ¡Qué descomunal soberbia!’.

—¿Le parece una pésima idea?

—Creo eso, por lo que veo hace más de 40 años. Cada vez que el Estado ha asumido directamente un proyecto rehabilitador, tiene sobre el 70 de reincidencia. Es algo que no se puede concebir, que el fracaso continuo de una institución del Estado representado por los gobiernos se arrogue la posibilidad de asumir este programa, que involucra familias, que involucra la salud de los privados de libertad, su fe. Gendarmería, en cuanto a lo que yo conozco, siempre pone un techo a sus profesionales: ‘Hasta aquí, nomás, porque más allá no nos corresponde’. ‘¿Cuál es el techo?’. ‘¿Cuántos atendiste este mes?’. ‘Ah, estamos bien…’.

El martes, en la franja del Rechazo apareció un exconvicto contando su historia, diciendo que Paternitas lo ayudó y criticando, por tanto, que el Estado se quiera hacer cargo. La fundación sacó un comunicado señalando que ‘no representa nuestro pensamiento institucional, dado que nos mantenemos al margen de opiniones coyunturales’. Lo mismo dice ahora Vial, quien sí admite que un texto que apoye el aborto, ‘en cualquier circunstancia de su proceso de gestación hasta nacer, para mí significa que no respeta la vida y eso ya me da una opción para que esta posible Constitución no me convenza’.

Toma unas hojas con una parte del borrador de la nueva Constitución y las levanta.

—Sobre los artículos que más destaco —se refiere a algunos párrafos subrayados en amarillo—, siempre en relación con lo que he hecho toda mi vida, encuentro que es una ideología que nació de algunos que se creen superhéroes y que saben por osmosis o por algún ángel especial que les dio a conocer lo que había dentro de las cárceles. ¡Cómo puede ser!

Lee:

—Por ejemplo: ‘Todo privado de libertad no puede sufrir limitaciones más que la propia de la privación de libertad’. Pero yo me pregunto ¿quién escribió esto? ¿Cuándo fue a una cárcel y vio esto, que sigue siendo toda clase de privaciones, toda clase de sufrimiento? No sabía que había tantos iluminados para hacer eso.

—Pero justamente el borrador manifiesta una intención de mejorar y cambiar las cosas…

—Pero si esto está en la Constitución actual y no se ha hecho, ¿por qué ellos lo van a hacer? Para terminar, dice aquí que es importante que los establecimientos penitenciarios deben contar con espacio para el estudio, para el trabajo, para el deporte, las culturas, ¡y algunos duermen en los baños! Qué grupo humano tan brillante… Quiero que me digan cómo.

—Pero el cómo lo debería aterrizar la ley.

—¿Y si la ley demora 10 años en concebirse, como algunos especialistas creen, para terminar los 100 y tantos artículos?

—¿A usted lo que más le molesta es que el Estado sea el único encargado?

—No, no, no, no me molesta. Siempre dije que Paternitas existirá hasta que el Estado haga lo que hace Paternitas. A mí lo que me molesta es que, con la experiencia que se ha tenido y a más de 100 años de historia de maltratos y abusos a los presos, se diga que hoy día vaya a haber un giro copernicano. Nosotros le hemos ofrecido al Gobierno actual: si necesitan, juntémonos. No para meternos, sino para mostrar la forma en que hemos hecho las cosas, y en este caso dio resultados.

—¿No lo ha llamado nadie?

—Pero nadie, entonces yo diría, bueno, si son iluminados, no necesitan a nadie, pero no creo que lo sean.

Política sucia

—¿Hoy hay mayor conciencia del tema de las cárceles?

—Se está visibilizando, pero a mí no me gusta que se visibilicen las cárceles, sino la gente, y que se terminen muchos de los delitos que, de acuerdo al Código Penal, se establece privación de libertad. Hay una enormidad de delitos que debieran ser sancionados en sistemas abiertos, dirigidos por instituciones civiles como Paternitas y otras, y que las cárceles sean para un mínimo de personas. Porque ¿dónde se creó el delincuente? En una sociedad indiferente.

—¿Pero entiende que frente a la violencia la gente está angustiada y sienta que los delincuentes se tomaron la calle?

—Yo entiendo que la indiferencia, la falta de esa justicia equitativa llevó a esto.

—Pero eso es un diagnóstico, no una solución a mediano plazo.

—Para mí, hay dos soluciones. Una, a largo plazo, que son los municipios, el gobierno más cercano a la vida humana en conflicto. Pero al final terminamos en lo mismo, más privación de libertad, más penas. Yo soy al revés: mucho menos pena privativa de libertad y mucha más inserción en la sociedad a través de estas instituciones que son exitosas.

—¿Y cómo se explica el abandono de muchos presos, mientras en la cárcel hay narcos con celulares, con sushi, con drogas, haciendo lives en Instagram desde su celda?

—El Estado de derecho no está funcionando, esa es la razón. Porque un Estado de derecho que funcione y califique bien al personal de custodia, que tenga una mirada atenta hacia la gente que tiene que ayudar… Si funcionan algunos por dineros o por corrupción, el Estado de derecho no está funcionando bien. Y también hay que entender que en las cárceles en algún momento dado hay situaciones que son inmanejables. El que quiere ejercer la delincuencia va a buscar la manera de hacerlo.

—A raíz del beneficio de salida que se le otorgó a Celestino Córdova, usted escribió: ‘Es exacto que Gendarmería es quien otorga los beneficios intrapenitenciarios y, según mi larga experiencia, nunca se les ha dado a quienes ejercen fuerza con huelgas de hambre. La razón de fondo es que Gendarmería y el Ministerio de Justicia son dependientes del gobierno de turno. Esta resolución sólo puede entenderse bajo fuertes presiones políticas: Acceder o cesantía’.

—Exactamente y lo mantengo. Como capellán (de Gendarmería), cuando venían los beneficios, una de las cosas y requisitos fundamentales era la conducta al interior de las cárceles. Y una de las cosas más reprochables eran las huelgas de hambre. No es ningún misterio que Celestino se metió en una huelga de hambre larguísima y ahí algo sucedió: después apareció la posibilidad de salir y hacer sus machitunes. Entonces, yo me pregunto: ¿Por qué a los presos que son devotos de la Virgen de Lo Vásquez y tienen buena conducta no les permiten ir a Lo Vásquez?

—¿Cómo se responde eso? ¿Presión política?

—Política sucia. ¿Quién está detrás ahí, teniendo el mando y una muñeca muy de hierro para que nadie se la doble? No sé, no estoy ahí, no me siento político.

La cruz y el espadín

—¿Sigue pensando lo mismo que en 2019 sobre la violencia en el Instituto Nacional? Escribió: ‘¡Qué fiasco la educación en Chile! Símbolo de ello son las iniciativas de represión e invasión policial a las que se recurre habitualmente ante eventos que ayer alcanzaban acuerdos con el diálogo, el respeto y el sentido común. Lo más burdo, desatinado y oscurantista es la revisión de las mochilas, que sin duda ahonda en la violencia y la negación para educar. Venció el imperio de la opresión, la dictadura y el abuso del poder’. Esto lo podría haber dicho Daniel Jadue.

—¿No es cierto? —dice, divertido—. Para que vea.

—¿Usted sigue pensando igual, viendo lo que pasa en los liceos emblemáticos?

—Sí, pienso que se tergiversó la educación; la educación para el amor, para la responsabilidad, para ser un elemento útil en esta sociedad en que vivo. Entonces eso es pura represión.

—¿Pero con este discurso no sigue escalando la violencia? Porque el discurso suyo es muy acogedor, pero entremedio los alumnos no pueden ir al colegio.

—Bueno, lo que no debiera seguir es la tónica que hace que la gente actúe así, yo lo digo para eso. Fundamentalmente para que el educador o el legislador, o el que lleva la batuta política en el gobierno de turno, tome conocimiento y diga ‘a ver, ¿qué podemos hacer aquí para cambiar?’.

—¿Y tiene la esperanza de que las prácticas del Sename queden atrás con el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil?

—Los cambios de nombre no me dicen nada, a mí lo que me dice es la práctica y, sobre todo, lo que se hace desde abajo, el escuchar al que está en situación complicada, el que vive en la miseria y está asediado por los piojos y la violencia. Hoy las bandas de las cárceles de adultos son terroríficas, a diferencia de antes. El otro día me ofrecieron una cruz maravillosa, antiquísima, de 1800 y tanto, de hierro, para una cárcel. Yo le dije, sinceramente, ‘señora, le digo que no, porque la cárcel, con hierro hace puntas, sables, espadines, entonces la cruz va a empezar a desmantelarse, si es que me la dejan entrar’.

—A usted, que se dice garantista, ¿le preocupa que este Gobierno se endurezca en este sentido? ¿Cree que va a tener que retroceder y ponerse más duro?

—Lo está haciendo, ¿no es cierto?

—¿Y le preocupa?

—A mí no me preocupa que se ejerza el Estado de Derecho. Me parece que quien comete un acto que va en contra del Estado de Derecho tiene que ser sancionado. Ahora, vuelvo a decir, no tiene por qué ir a la cárcel, ahí es donde tiene que abrirse una posibilidad, hay muchas formas.

—¿El derecho a voto de los privados de libertad cambiaría las cosas para ellos?

—Cuando entré a Gendarmería, el 92 más o menos, casi simultáneo a la fundación de Paternitas, 93, al director que me recibió le dije ‘mira, fulano de tal, promueve el voto en los presos y te vas a convertir en diputado y senador’. Interesante, dijo. Hay 400 mil personas en torno a esto de los privados de libertad. Pero no hizo nada. El siguiente, nada; hasta hoy, nada. Yo estoy de acuerdo en que voten, pero informados.

—¿Se violan los derechos humanos de los presos?

—Evidente, cómo no va a ser, el derecho a la salud.

—Para el estallido hubo muchas querellas por violación a los derechos humanos. ¿Por qué nadie se querella contra el Estado por los presos?

—Tiene que ser la familia. Yo les he pedido a las familias que se vayan a La Moneda, un millón de personas, y se sienten en el parque que está en la Plaza de la Constitución, en silencio, a exigir derechos. Se muere cualquier gobierno si encuentra un millón de personas que están pidiendo derechos tan simples como que traten como personas a los que están en privación de libertad. Claro que es difícil mover un millón de personas.

—¿Qué es lo que más ha aprendido de los presos?

—Cuando yo iba recién enviado por el seminario, decía ‘voy a ir a salvar, voy con la filosofía, con la Biblia’. Ahora le puedo decir que me salvaron ellos y me enseñaron a ser más persona, y quizás si no, habría sido un delincuente.

—¿Usted?

—No sé. Uno nunca sabe, el ser humano tiene demonios que son incontrolables.