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El 13 de junio visitamos la Fundación PATERNITAS de Santiago de Chile para conocer su funcionamiento. Ellos se dedican a la reinserción de jóvenes infractores, tarea que nos encontramos iniciando con muchas esperanzas desde la CASA MADRE DE TUPARENDA.

Fuimos recibidos por su fundador, el Padre Nicolás Vial. La Fundación cuenta ya con 20 años de vida y se inició con las visitas del P. Nicolás a las cárceles del país, donde pudo sentir la angustia que sufrían los reclusos por sus hijos que dejaron en sus casas, sumidos en la delincuencia y las drogas.

El Padre acogió, en principio, a un pequeño grupo de jóvenes en el local de la Parroquia la Virgen de la Monserrat; una virgen negra a la que la veneran como abogada para pedirle protección cuando ellos van a cometer algún delito. Ella es negra, porque así la imaginaron como marginales que son, negra como ellos. Fue fuerte escucharlo, pero este es el mundo en que ellos se desenvuelven y nos llamó la atención cómo estos códigos fueron respetuosamente recogidos por la Fundación.

El joven solo es recibido si redacta una carta a PATERNITAS donde expresa: 1) el motivo por el cual desea ingresar a la Fundación y 2) que lo hace por propia voluntad. Al requerirles dicha carta, muchos reclaman: “cómo si no lo sé hacer”, recibiendo como respuesta: “sos ingenioso para robarte un banco, ahora te ingeniarás para esto, de lo contrario no entrás” .

En la Fundación, firman un contrato donde se estipula una serie de compromisos que asume el beneficiario y la contrapartida que reciben desde la Fundación. Los jóvenes se obligan al estricto cumplimiento del horario; la prohibición de consumir drogas dentro de la Fundación; la conducta que deben observar dentro de la misma, etc. Entre los beneficios, lo principal es el dinero que reciben. Es como un sueldo por el trabajo realizado, al que se le suman 2 bonos en el año en caso de buen comportamiento. Las sanciones giran alrededor de la supresión de estos beneficios. Es decir, quien llega tarde, debe volver a su casa y le es descontado ese día de ausencia. Cuando protestan por ello, por toda respuesta le exhiben el contrato que firmó, aclarándoles que su sola conducta motivó la sanción.

¿Cómo financian sus proyectos? Chile cuenta con una Ley que obliga a las empresas a aportar el 1% de sus ganancias anuales, para ser distribuidas entre las distintas ONG’s debidamente inscriptas. Los proyectos igualmente son financiados por personas y entidades como la Cámara Chilena de la Construcción, la que dentro de su departamento de Responsabilidad Social, asume gran parte de los costos. Es llamativo como Chile prioriza la educación y la capacitación en todas sus áreas.

La co-fundadora junto con el Padre Nicolás, Doña Consuelo Correa de Eguiguren, con entusiasmo casi juvenil (cumplía 79 años) nos relató sobre su larga tarea en la Fundación, principalmente en la recaudación de fondos, para lo cual aconsejaba considerar “socio” a todo aquel que colaborara, aunque sea con centavos.

A 20 años del inicio, cuentan con varios programas o “plataformas”:

a) El centro de acogida ubicado en la ciudad de Santiago, donde son recibidos los jóvenes. El trabajo que realizan allí consiste en la fabricación de mantas de picnic, las que son muy bien comercializadas. Como el fin de semana constituye una amenaza para dichos jóvenes, ya que vuelven a un entorno rodeado de vicios y tentaciones, los días lunes acuden a sesiones con la psicóloga para reencaminarlos. El cuidado del joven es integral, hay grupos que apuntalan a las familias buscando transformarlas, ya que muchas veces su familia es una amenaza para el joven.

b) “El Monte”, en las afueras de Santiago, un centro de rehabilitación de drogadictos, principal flagelo con el que deben luchar. En este caso viven en el lugar, desarrollando un programa que no solo consiste en apoyo médico sino también emocional y cuentan con un experto que los dirige.

c) “El Castillo”, centro de capacitación dirigido por un ex recluso, a 1 hora de Santiago, donde aprenden distintos oficios. Impresiona verlo trabajar con la comunidad, con tanto entusiasmo que todo el barrio está pendiente del mismo.

d) El trabajo con las madres: cierran el círculo involucrando a las madres en capacitaciones, trabajos etc. Obteniendo de ese modo una renovación integral del ámbito familiar.

Notamos cuan joven es el equipo: la directora, la asistente social, la psicóloga, rondan los 30 años, sin embargo los distingue un alto profesionalismo para manejar a los jóvenes con firmeza y ternura. Señalaron como muy importante no caer en la victimización que muchas veces buscan los chicos. Cuando ellos desean “justificarse” por la miserabilidad de donde provienen, las educadoras no lo minimizan en ningún momento, les aceptan la historia contada, para de inmediato manifestarles: “sí, esa fue tu vida hasta hoy, está en tus manos seguir igual o cambiarla para siempre”.

Quedamos emocionados al hablar con los jóvenes. Al preguntarles ¿por qué están en la Fundación? Respondieron: “porque aquí nos sentimos apoyados; porque nos sentimos comprendidos. Salimos de nuestras casas con peleas entre nuestros padres, pobreza, violencia….y en este lugar nos descargamos, hablando con las educadoras, ellas no nos juzgan, nos contienen”.

Y realmente, eso pudimos constatar…..ellas hablan su propio idioma, tratan de tener sus mismos códigos para que comprendan y así poder iniciar la transformación. Al alto tecnicismo que ponen los profesionales, se une el entusiasmo, la alegría y el amor con que lo hacen. Es absolutamente contagiante y debo decir que me sorprendió la austeridad con que se desenvuelven, la sencillez del entorno y de su gente. Lo que vi más que una tarea, es una vocación.

Fuimos recibidos, atendidos y despedidos con una calidez singular y la sensación de que nos conocíamos de toda una vida. Pudimos entonces comprender lo que nos dijeran: quien viene a PATERNITAS, viene para siempre. Pueden irse por un tiempo, pero pueden volver toda la vida, porque esto es una familia.

Ana Maria Mendoza de Acha