Margarita Soto, madre de cuatro hijos y beneficiaria de Paternitas Familia:

“ME HE SENTIDO SÚPER ACOGIDA”

Le doy gracias a Dios de que Paternitas se haya puesto en mi camino. Al fin me he podido sentir persona.

Tres años han pasado desde que Margarita Soto (53) ingresó a uno de los programas de nuestra Fundación, Paternitas Familia, que promueve el desarrollo integral de los jóvenes privados de libertad y sus familias. Ahora se le ve distinta, está más contenta, se preocupa de su salud y hasta se arregló sus dientes. “Mis hijas me dicen que soy otra mamá”, asegura.

Y motivos tiene para sentirse así, ya que no sólo es un testimonio de esfuerzo y superación digno de contar dentro de los más de 300 beneficiarios de dicho programa, sino que también porque recientemente recibió la noticia de ser una de las cinco elegidas para recibir microcréditos de $100 mil pesos, gracias a la alianza suscrita entre Fundación Paternitas y BanIgualdad.

Si bien hoy Margarita se le ve así, hace tres años era todo lo contrario. En ese entonces, tuvo que enfrentar la situación de ver a uno de sus cuatro hijos envuelto en la delincuencia, producto de un robo por sorpresa en grado frustrado , que lo llevó a caer tres meses tras las rejas. Su marido, hijos y ella estaban muy consternados, dolidos y avergonzados por esta situación, por lo que recurrieron a la Fundación a hablar primero con los abogados – quienes les dieron asesoría jurídica – y luego se reunieron con la dupla psicosocial. Ella y su familia recibieron un gran apoyo psicológico y se capacitaron en talleres de panadería, pastelería, chocolatería y costura.

Apoyo Familiar

“Llegué mal psicológicamente, lloraba cada vez que me hablaban de mi hijo”, cuenta Margarita. Es que en mayo de 2005, su hijo falleció producto de una enfermedad por hipertensión intracraneana, hecho que la marcó profundamente a ella y a sus parientes. Sin embargo luego del apoyo que recibió por parte de Fundación Paternitas y el que se caracterizó por la integración de la familia en cada paso de este proceso, se empezó a dar cuenta que si ella estaba mal, sus seres queridos no saldrían adelante.

Es por esto que tras su paso por la Fundación , su vida dio un vuelco positivo. “Me ha ido bien, empecé a preocuparme de mi misma y mi familia está contenta”, asegura.

Ahora último realizó un curso de chocolatería, oficio que pretende ejercer gracias al microcrédito que ganó. Sus hijas le ayudarán en la fabricación y su marido – que vende café en Providencia – le comercializará sus productos. “Me voy a esforzar mucho para que me vaya bien y consiga más clientes”, enfatiza.