¿Cómo reparar años de vulneración?

Estamos acostumbrados a escuchar hablar sobre la adolescencia y sus complejidades, y está bien, porque así es. Es una etapa que trae consigo múltiples desafíos para quien la atraviesa pues se supone que de ella surgirá con mayor determinación eso que llaman “Identidad”. A través de esta etapa debiéramos comprender quiénes somos y cómo queremos ser percibidos.

Como Fundación nos hacemos cargo de esta realidad asumiendo un doble, o en casos hasta triples desafíos; acompañamos a jóvenes en este proceso, pero sobre todo nos abocamos a “reparar” años de vulneración o sobrevivencia. La tarea no es sólo la de acompañar al joven en su crisis vital, sino más bien la de resignificar junto a él su historia, comprenderla emocionalmente, rumearla, revivirla, expresarla,… y desde allí construir un futuro. Por esto es que más que llamar a este periodo con nombres tales como “etapa del ciclo vital”; “adolescencia” o “crisis de identidad”, desde el Programa Formando en Familia la asumimos como una “Oportunidad Existencial”.

Nuestros jóvenes han infringido la ley y por ello es que uno de los objetivos de nuestro programa es el de “sacarlos de la delincuencia”, pero no podemos pretender lograr este fin, si no nos detenemos junto a ellos en los dolores más desgarradores de su existencia. Es frecuente en ellos escuchar aseveraciones del tipo: “Señorita, no se olvide que yo soy un aborto que no resultó, por eso estoy acá…” ¿Cómo darle sentido a sus vidas, si fueron concebidos bajo una premisa de negación?

Sin embargo hay algo más profundo, una luz de esperanza que los empuja a seguir vivos y truncarle la mano al destino… ¿Cómo no entonces intentar truncarle la mano a la sociedad, a las normas o a lo que llamamos aceptable?
Nuestra aproximación a ellos es desde el alma, a través de aquello que no se estudia ni se aprende, solo se siente; devolver la capacidad de confiar a través del vínculo. Queremos que la sociedad vuelva a confiar en ellos, pero eso es siquiera imaginable, si ellos mismos no confían en otros.

Aún cuando nuestro programa Formando en Familia es un proceso de reinserción, estas palabras caen al vacío si no comprenden años de dolor, de ingratos recuerdos que deben ser conducidos por una figura como la tutora, que lo acompaña y sostiene en esta búsqueda de sus “sí mismos”; estos que nunca han dado a luz más que a través de la negación.

La tarea que Fundación Paternitas saca adelante día a día anónimamente, permite no sólo vivir en una sociedad más segura, sino por sobre todo permite convivir en confianza y justicia pues todos los “sí mismos” existen y son visibilizados.

Ahora la pregunta; ¿cómo expresar este proceso de humanización en proyectos cuyas bases exigen indicadores de resultados? ¿Acaso hay personas o entidades dispuestas a creer en un programa cuyo indicador sea el número de personas que hoy al fin viven y ya no solo sobreviven?

Francisca Lewin Urzúa
Coordinadora Departamento Familia y Formación

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